La transformación de la banca ya no consiste simplemente en incorporar nuevas tecnologías. El verdadero reto es evolucionar la infraestructura, los procesos y la experiencia del cliente manteniendo al mismo tiempo la seguridad, la resiliencia y la continuidad que sostienen la confianza en el sistema financiero.
Esta fue una de las grandes conclusiones que dejó el 5B Digital Summit 2026, celebrado el 11 de agosto en Ciudad de Guatemala, donde Auriga participó junto a representantes de la banca, la tecnología, los medios de pago y el ecosistema financiero latinoamericano.
En su novena edición, y coincidiendo con el vigésimo aniversario de 5B, el encuentro reunió a más de 600 líderes de más de 15 países bajo tres grandes ejes: proteger la confianza, transformar la experiencia y conectar el ecosistema. Una agenda que puso sobre la mesa algunos de los desafíos que determinarán la evolución de los servicios financieros en los próximos años: inteligencia artificial, ciberseguridad, automatización, modernización de los pagos, datos y nuevas experiencias digitales.
Más allá de las tecnologías concretas, las conversaciones del Summit dejaron tres ideas especialmente relevantes para cualquier entidad que esté definiendo hoy su estrategia de transformación.
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Modernizar no significa sustituirlo todo
Una de las cuestiones centrales para el sector financiero sigue siendo cómo avanzar desde infraestructuras heredadas hacia arquitecturas capaces de responder a las nuevas expectativas del mercado.
Durante el 5B Digital Summit, el debate sobre la modernización de los pagos puso de relieve precisamente esta tensión: los usuarios esperan operaciones inmediatas, sencillas y disponibles de forma continua, mientras que buena parte de las instituciones financieras sigue dependiendo de sistemas construidos en diferentes etapas de su evolución tecnológica. El reto consiste en modernizar sin interrumpir los servicios, comprometer la seguridad o introducir nuevos riesgos operativos.
Para Auriga, esta cuestión va más allá del mundo de los pagos. La misma lógica se aplica a la evolución de cajeros automáticos, sucursales, canales digitales y servicios de autoservicio.
La transformación más sostenible no tiene por qué comenzar sustituyendo toda la infraestructura existente. Puede avanzar de manera progresiva, desacoplando aplicaciones y canales de las plataformas heredadas e incorporando nuevas capacidades dentro de una arquitectura más abierta y flexible.
De esta forma, las entidades pueden preservar el valor de inversiones realizadas durante años mientras crean las condiciones necesarias para introducir nuevos servicios con mayor rapidez.
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La omnicanalidad debe convertirse en arquitectura, no solo en experiencia
Durante años, la banca ha hablado de omnicanalidad principalmente desde el punto de vista del cliente: permitir que una operación iniciada en un canal pueda continuar en otro.
Hoy el desafío es más profundo.
La experiencia realmente integrada exige que ATM, sucursales, aplicaciones móviles, banca online y otros puntos de autoservicio formen parte de una misma arquitectura tecnológica, compartiendo servicios, procesos y lógica de negocio.
Esta evolución permite reducir duplicidades, simplificar la gestión tecnológica y ofrecer una experiencia más consistente independientemente del canal elegido por el usuario.
También abre nuevas posibilidades para los canales físicos.
El cajero automático, por ejemplo, puede evolucionar desde un dispositivo destinado principalmente a dispensar efectivo hacia un punto de interacción capaz de ofrecer operaciones más complejas, servicios personalizados, asistencia remota o procesos que tradicionalmente requerían la intervención de una sucursal.
La cuestión deja entonces de ser si el futuro de la banca será físico o digital. El verdadero objetivo es conseguir que ambos entornos funcionen como partes de una misma experiencia.
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La inteligencia artificial genera valor cuando opera sobre una base segura y gobernada
La inteligencia artificial fue otro de los grandes protagonistas de la agenda del Summit. Pero la conversación no giró únicamente alrededor de sus posibilidades: también abordó cuestiones como gobierno, calidad de los datos y gestión responsable del riesgo.
Es una distinción importante.
En el sector financiero, incorporar IA no puede significar añadir una capa de tecnología sobre procesos fragmentados o infraestructuras desconectadas. Para generar valor sostenible, la inteligencia artificial necesita operar dentro de una arquitectura donde datos, aplicaciones y canales puedan comunicarse de forma segura y controlada.
Sobre esa base, las oportunidades son significativas: desde optimizar operaciones y automatizar procesos hasta anticipar incidencias, reforzar la seguridad o adaptar los servicios a las necesidades de cada cliente.
La automatización también estuvo vinculada durante el encuentro a otra cuestión esencial: mejorar la experiencia de las personas. Las conversaciones sobre transformación de procesos subrayaron que automatizar por sí solo no garantiza una mejor experiencia; primero es necesario comprender y rediseñar los procesos que la tecnología debe soportar.
La confianza sigue siendo la infraestructura más importante de la banca
Existe además un elemento que conecta todos estos procesos de transformación: la confianza.
Uno de los debates del 5B Digital Summit estuvo dedicado precisamente a la idea de que la confianza y la continuidad digital no pueden protegerse de manera aislada. La creciente interconexión entre entidades financieras, proveedores tecnológicos, redes de pago y servicios digitales convierte la seguridad en una responsabilidad compartida por todo el ecosistema.
Para las entidades financieras, esto significa que innovación y resiliencia deben evolucionar de manera conjunta.
Cada nuevo servicio, canal o integración amplía las posibilidades para el cliente, pero también incrementa la importancia de disponer de arquitecturas capaces de garantizar disponibilidad, control y seguridad de forma transversal.
Por ello, conceptos como ciberseguridad, resiliencia operativa, monitorización centralizada y continuidad de servicio deben formar parte de la estrategia tecnológica desde el principio y no incorporarse únicamente después de desplegar nuevas soluciones.
Una oportunidad para acelerar la transformación financiera en América Latina
Las conversaciones mantenidas en Guatemala confirman además que la modernización tecnológica de la banca latinoamericana no responde a una única tendencia.
Los cambios en los medios de pago, la creciente adopción de servicios digitales, la inteligencia artificial, la necesidad de elevar la eficiencia operativa y unas expectativas cada vez mayores por parte de los usuarios están transformando simultáneamente diferentes capas del negocio bancario.
Esto plantea una decisión estratégica para las instituciones financieras de la región: continuar incorporando soluciones independientes para responder a cada nueva necesidad o avanzar hacia arquitecturas capaces de integrar progresivamente canales, servicios y tecnologías.
Auriga lleva más de tres décadas trabajando precisamente sobre este segundo enfoque, desarrollando tecnología para ayudar a las instituciones financieras a gestionar sus canales desde una infraestructura integrada y evolucionar progresivamente hacia nuevos modelos operativos.
Desde su presencia en Ciudad de México, la compañía continúa reforzando su actividad en América Latina y colaborando con las entidades de la región en proyectos relacionados con automatización bancaria, autoservicio y omnicanalidad.
Construir la banca del futuro sin perder lo que hace funcionar a la banca de hoy
Si algo dejó claro el 5B Digital Summit 2026 es que el futuro de los servicios financieros no dependerá de una única tecnología.
IA, automatización, nuevos medios de pago y experiencias digitales seguirán acelerando la transformación del sector. Pero su impacto dependerá en gran medida de la arquitectura sobre la que se implementen.
Para las entidades financieras, el desafío será encontrar el equilibrio adecuado: innovar con mayor rapidez sin comprometer seguridad, resiliencia y continuidad; ofrecer nuevas experiencias sin multiplicar la complejidad tecnológica; y modernizar la infraestructura sin desperdiciar las inversiones que todavía generan valor.
Construir la banca del futuro significa, en definitiva, conectar ambas dimensiones: aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías y, al mismo tiempo, preservar la confianza sobre la que se ha construido siempre el negocio bancario.

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